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Fiona Urbain
Aujourd'hui Dernière mise à jour le Tuesday, June 30, 2026 At 9:30 AM

Olivier Sarlat, director regional de Veolia Agua para la región Sur, se ha desplazado a Barcelona para conocer en profundidad el modelo catalán de gestión del agua. Frente a un estrés hídrico histórico que dejó sus reservas en mínimos, esta región ha transformado radicalmente su modelo. Al apostar por un mix que combina la desalación de agua de mar y la reutilización masiva de aguas residuales, el territorio garantiza ahora el suministro de su población. Un laboratorio a cielo abierto repleto de enseñanzas para Francia, en un momento en que el cambio climático redibuja el mapa de los recursos en Europa. Reportaje en vídeo.

La urgencia climática y la reacción catalana

En Cataluña, la transición hídrica no se ha producido de forma lineal: se impuso por la violencia de una crisis ambiental sin precedentes. Ante ciclos de sequía cada vez más intensos y cercanos en el tiempo, las infraestructuras tradicionales mostraron sus límites, empujando a las autoridades a replantear la totalidad del ciclo del agua.

Josep Lluís Armenter, director de la Agencia Catalana del Agua (ACA), recuerda la gravedad de la situación que sirvió de detonante:

Esta resiliencia se basa, en primer lugar, en un esfuerzo colectivo de ahorro y consumo responsable. En Barcelona, el consumo medio ha descendido a 105 litros por habitante y día, una cifra especialmente baja si se compara con los 120 litros de Lille, los 200 litros de Mascate (Omán) o los 450 litros de Nueva York.

Sin embargo, el ahorro por sí solo ya no basta frente a las proyecciones climáticas. En todo el arco mediterráneo, las previsiones a un horizonte de 20 a 30 años indican un aumento de las temperaturas medias de 2 °C, acompañado de una disminución del caudal de los ríos y de la recarga de los acuíferos de entre un 20 % y un 30 %.

La desalación masiva bajo el impulso tecnológico

Para compensar este déficit crónico, Cataluña despliega desde hace varios años recursos denominados “no convencionales”. El primer pilar de esta estrategia es la planta desaladora del Llobregat, puesta en marcha en 2009 para asegurar el suministro de 4,5 millones de habitantes del área metropolitana.

Carlos Miguel, director de esta gran infraestructura industrial, detalla su riguroso funcionamiento:

Criticada durante mucho tiempo por su impacto ambiental y su elevada huella energética, la desalación se ha beneficiado de importantes avances tecnológicos. Gracias a la ósmosis inversa de nueva generación, el consumo eléctrico se ha dividido por 42 desde los años 70, situándose hoy en menos de 3 kWh/m³.

Además, la gestión de las salmueras (el agua con alta concentración de sal que se rechaza tras el filtrado) es objeto de un estricto seguimiento. Los residuos se conducen a dos kilómetros de la costa a través de un sofisticado emisario submarino para asegurar una rápida dilución y preservar la biodiversidad marina, bajo el control permanente de la Agencia Catalana del Agua.

La reutilización o la circularidad absoluta del recurso

El segundo pilar, aún más espectacular por su filosofía de economía circular, es la Reutilización de Aguas Residuales Depuradas. Mientras que Francia apenas reutiliza el 1 % de sus aguas residuales, España alcanza una media nacional del 14 %. En el área metropolitana de Barcelona, la producción de agua regenerada se multiplicó por 15 en cinco años, pasando de 3,8 millones de m³ en 2018 a 56 millones de m³ en 2022. Actualmente, el 25 % del agua potable de la metrópolis procede de esta vía.

En el centro de este sistema se encuentra la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) del Baix Llobregat, que trata por sí sola el 36 % de las aguas residuales de la metrópolis.

Claudia Carbonell, directora de la planta, expresa su orgullo por la utilidad pública de su entorno de trabajo:

Esta agua ultrapura no solo sirve para el grifo o los campos. También cumple una función de escudo ecológico: inyectada directamente en los pozos del acuífero de Barcelona, crea una barrera hidráulica que frena el agua de mar y los iones de cloruro, impidiendo que el acuífero se contamine definitivamente por la sal tras años de sobreexplotación. Para completar el modelo de circularidad, los lodos derivados de la depuración se valorizan mediante digestión anaerobia para producir biogás, generando una potencia de 7,8 MW que optimiza la eficiencia energética de la instalación.

Alta seguridad sanitaria y rastreo de contaminantes

La aceptación social de estas tecnologías depende enteramente de la transparencia y la seguridad sanitaria. En el laboratorio de Aigües de Barcelona, los equipos velan a diario por la conformidad del ciclo integral. Más allá de las normativas europeas clásicas, los científicos vigilan de cerca los contaminantes emergentes, según anticipa Miquel Paraira, director de calidad del agua:

Miquel Paraira comparte además una significativa anécdota industrial sobre la eficacia de estos controles avanzados:

Para complementar estos análisis de vanguardia, el laboratorio utiliza un método sensorial único en España: un panel de cata especializado, compuesto por profesionales formados, que evalúa periódicamente el sabor y el olor del agua distribuida a los ciudadanos con el fin de garantizar un confort de consumo óptimo.

Un espejo y enseñanzas para Francia

Este viaje de observación confirma que Francia entra, a su vez, en una fase de transformación en la gestión de sus recursos. Considerada durante mucho tiempo en el país galo como una solución de último recurso, la desalación está experimentando un claro cambio de paradigma. En un informe publicado en el verano de 2025, la Inspección General del Medio Ambiente y del Desarrollo Sostenible (IGEDD) recomienda formalmente integrar la desalación como una palanca estructural de pleno derecho en el mix hídrico nacional, junto con la reutilización de agua y la lucha contra las fugas.

Para Olivier Sarlat, la constatación sobre el terreno es inapelable:

Apoyándose en el ejemplo catalán, Veolia ya acompaña iniciativas locales adaptadas a las limitaciones geográficas francesas, especialmente en los Pirineos Orientales —el departamento más seco de Francia—, así como en el Gard y el Hérault mediante interconexiones como el canal Philippe Lamour y la red Aqua Domitia. La lección de Barcelona es clara: la transformación del modelo se basa en tres prioridades indisociables: la anticipación de las infraestructuras antes de la crisis, una gobernanza integrada que asocie a todos los usuarios (administraciones, industriales, agricultores) y una pedagogía transparente para garantizar la aceptación social.